ene 18, 2013 0
30 días sin 3G.
Ana Pradas
En España ya hay 22 millones de personas que se conectan a internet a través del móvil y estamos más que acostumbrados a oír palabras como “app”, “whatsappear” y “QR”, la tecnología 3G es parte de nuestro día a día. Pero desde el desde El Balcón de la Sra. Rushmore nos hemos propuesto un experimento: ¿qué pasaría si cambiáramos el móvil con 3G por uno cuya mayor innovación es tener politonos?
Hicimos la prueba con un Rushmoriano y le cambiamos un iPhone por un Nokia clásico durante 30 días. Un sólo mes de experimento nos sirvió para ver que nos gusta estar conectados 24 horas al día y el móvil se ha convertido en una navaja suiza para nosotros.
Fase 1: La desconexión
Durante los 4 primeros días la sensación de desconexión es radical. Pasas de enterarte de todo en el mismo momento en que sucede a enterarte sólo cuando tienes un ordenador delante o a través de la gente que sigue teniendo un iphone. Eres el único en el restaurante que no sube fotos de la comida a instagram y te pierdes todas las conversaciones del whatsapp. Lo único bueno es que ya no estás en ningún grupo y no acumulas 102 mensajes sin leer en 30 segundos; pero eso no quita que la sensación de desconexión del mundo esté ahí, acechándote para aprovechar el mínimo descuido.
Fase 2: El descontrol
Después del primer shock de la desconexión vino el descontrol. El móvil ha dejado de ser un teléfono y se ha convertido en un aparato multiusos que nos salva de cualquier situación. Así que cuando llegas tarde a una cena familiar, no sabes dónde está el restaurante, se te olvidó apuntar las direcciones en un papel y de repente recuerdas que no tienes la aplicación de mapas en el teléfono, te toca dar vueltas hasta que algún alma caritativa sabe decirte cómo llegar. Y cuando llegas y no has llevado tu cámara de fotos porque contabas con el iphone, ya las liado, porque tu abuela quería una foto con toda la familia y ya se ha quedado sin ella.
También está ese momento en el que te quedas sin tinta en la impresora y tienes que mendigar a las 7 de la mañana que alguien te imprima tu tarjeta de embarque del avión porque ya no puedes enseñar en el móvil el código QR para escanearlo en la puerta de embarque.
Incluso, usándolo sólo como teléfono, tampoco te apañas: ya no sabes teclear sms y como no tienes toda tu agenda de contactos en “la nube” y pasas de meterlos uno a uno, te puedes encontrar con que te llaman para confirmar la cita del médico para la semana que viene y contestas con un “¿diga melón?” pensando que es una amiga y haciendo la gracia que haces siempre con ella.
Fase 3: El ajuste a la nueva realidad
Una vez asentada la idea de que vas a tener que organizarte mejor, tienes que empezar básicamente a convencer a todo el mundo para que vuelvan a usar algo que ahora les sonará prehistórico: los sms.
Porque tener 3G tiene otra ventaja a la que nos hemos acostumbrado muy rápidamente: la gratuidad ¿Para qué mandar un sms cuando puedes chatear gratis gracias al whatsapp? Así que volver al mundo del sms implica volver a escribir cm knd tnias 15 añs xa q qpa td y que tienes que acostumbrar a la gente a que si quiere saber de tí, haga lo mismo. Porque si no puedes encontrarte con que han avisado por whatsapp que se pasa la cena que tenías esta noche al viernes que viene y te pasarás media hora esperando a que llegue la gente hasta que alguien se acuerde de que ya no tienes 3G. Y más de uno incluso se enfadará porque ya no le contestas los mensajes.
Fase 4: la aceptación
Después de conseguir restablecer la situación, te das cuenta de que muchas veces sentimos la necesidad de saber que estamos conectados en la misma red al mismo tiempo que los demás y no nos estamos perdiendo nada; pero el hecho de no tener 3G no nos desconecta de todo, simplemente le da al botón de pausa.
Casi todos hemos cogido la manía de no apagar el móvil, lo ponemos en reposo y listo. Y seguramente sea lo primero que miremos muchos por la mañana, ya sea para ver el tiempo, facebook o el AS. Y después de haber modificado muchos de nuestros hábitos por un teléfono, cambiarlos radicalmente se hace cuesta arriba; pero llega un punto en el que descubres que quizás no sea tan malo. Cuando quedas a comer con alguien no hay whatsapp ni emails interrumpiendo constantemente y te das cuenta que es la primera vez en mucho tiempo que tienes una conversación de un tirón en el restaurante, porque aunque antes no contestaras, seguro que caías a la hora de mirar qué había hecho saltar una notificación. Y sí, hechas de menos tener 3G de vez en cuando, pero ya no lo ves tan imprescindible como al principio.
Fase 5: la vuelta al 3G
El momento de encender el iphone después de tantos días sin él genera otro shock: miles de mensajes de whatsapp acumulados no dejan de salir en pantalla, la actualización del software que no has hecho te bloquea la pantalla, y están además saltando mensajes de otras aplicaciones que habías tenido que dejar de usar. Hay que volver a acostumbrarse al bombardeo de información constante y las interrupciones otra vez.
Tal vez surja la duda de si se estaría mejor sin 3G después de todo. Al fin y al cabo, cuando te vas de vacaciones muchas veces dejas de tener 3G; pero no es lo mismo estar 10, 30 días sin 3G, que plantearse hacerlo de manera definitiva ¿o sí?
Lo que sí que es cierto es que la desconexión está calando hondo, y cada vez surgen más sitios que abogan por desconectar del móvil de vez en cuando, como el restaurante que te hace descuento si lo dejas en la entrada. Además, ya hay alguna marca que está apelando a la desconexión en su comunicación.
¿Qué pensáis vosotros?¿Aguantaríais 30 días sin 3G?



